En la Antigüedad e inclusive en la Edad Media, el papel del maestro no tuvo la misma
claridad de definición que tendría en épocas posteriores. Se sabe que la función de
pedagogo no constituyó de por sí un oficio noble. Según Gabriel de la Mora, un proverbio
de la antigüedad latina decía: a aquel mortal que quieren castigar los dioses, lo destinan a
cuidar niños. La sociedad veía con lástima a todo pupilero. Ejercían la pedagogía aquellos
que fracasaban en repetidos intentos de ser alguien, los ineptos para los oficios, los
remansados por inútiles” (1976: XXX)
Así se pretende, con argumentos excluyentes, que cualquier profesional por poseer
conocimientos generales o específicos pueda enseñar, suscitando con ello al interior de
las dinámicas del Estado, propuestas nuevas de escalafón que van en desmedro del saber
y hacer pedagógicos del maestro, desconociendo su aporte ético y político a la
transformación de la sociedad a través de la enseñanza

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